lunes, 27 de junio de 2011

PROCESOS DE ACABADO Y ANÁLISIS SENSORIAL DEL VINO

PROPIEDADES ORGANOLÉPTICAS

El vino posee ciertos atributos que inciden de forma grata en la mayoría de los sentidos (todos excepto el oído y el tacto). Por ejemplo: los aromas afectan a los sentidos del olor, los diferentes sabores presentes en el vino al gusto, los colores a la vista. Todos ellos suelen tener un origen químico que se ha ido identificando poco a poco a lo largo de finales del siglo XX y comienzos del XXI. La cata de vinos arroja una variedad de propiedades como pueden ser el color, el sabor (dentro del sabor está una amplia gama de propiedades como la longitud, el retrogusto, etc.), el olor (que se compone de aroma, bouquet, cuerpo, etc.).


 

Color

Las antocianinas son las responsables principales del color rojo en el vino. Las antocianinas se encuentran en diversas frutas cumpliendo una misión similar. Este compuesto químico se encuentra en la capa exterior de la piel de la uva y durante el proceso de maceración se extrae antes que los taninos. La mayoría de los mostos (incluso los de uvas negras) son incoloros, así que la maceración es un proceso importante en la coloración de los vinos. Existen variedades de vitis vinífera que se clasifican como teinturier por aportar ya en el mosto un color rojizo (unas de las más conocidas son la Alicante Bouschet, Saperavi y Dunkelfelder), pero estas variedades son una excepción. En algunas ocasiones los vinicultores introducen pequeñas cantidades de estas variedades teinturier con el objeto de potenciar el color rojo de sus vinos. El color rojo o rosado depende, por completo, de la forma en que se extrae los antocianinas de la piel de la uva durante el proceso de fermentación.
Las antocianinas son un grupo de glicósidos de la cianidina (azul), la delfinidina (azul, puede verse en berenjenas, granadas, fruta de la pasión), la malvidina (púrpura), la pelargonidina (rojo), la peonidina (rosado) y la petuidina. Durante la maceración la proporción de antocianinas azules cambia hasta virar desde colores púrpura-rojizos a anaranjados. En los vinos jóvenes el color es debido principalmente a las antocianinas, pero como son compuestos químicos no estables se van enlazando con los taninos formando polímeros más estables y con capacidad de pigmentación.


 

Sabor y aroma

Los principales componentes de sabor en la uva son los azúcares, los ácidos y los polifenoles. Estos tres compuestos proporcionan al vino tres de los cinco sabores básicos: dulce, ácido y amargo. De todas formas existe una gran cantidad de substancias en las uvas que acaban proporcionando un sabor, estas substancias se presentan en cantidades ínfimas (medidas a veces en partes por millón, e incluso en partes por billón, o por trillón). Todas estas substancias dan a la uva un sabor característico denominado sabor primario. El sabor primario caracteriza a la variedad de la vitis vinífera. La mayoría de los componentes de sabor se encuentran ubicados en la parte interior de la piel de la uva, es por esta razón por la que el prensado ocupa un proceso fundamental a la hora de proporcionar sabores primarios al vino. En algunos vinos generosos como el jerez, o el fino, existe un pequeño "toque" de sabor salado debido al ambiente salino que rodea la maduración.

En enología existe una distinción entre aroma y bouquet. El aroma es un olor específico proveniente de la variedad de uva empleada, mientras que el bouquet es un olor característico de la forma de procesar el vino. De esta forma, por ejemplo, dos vinos de la misma uva poseen el mismo aroma, pero distinto bouquet (si se han madurado de forma distinta). En muchos vinos los aromas de las uvas con un fuerte tono floral es debido a la presencia de un grupo de substancias denominados monoterpenoides, los monoterpenoides son un subgrupo de un gran número de compuestos denominados terpenoides, todos ellos derivados de la unidad isopreno ([C5H8]). Por ejemplo, la uva moscatel posee una gran cantidad de monoterpenos, otras variedades con contenidos en terpenos derivados de la uva moscatel son la Gewürztraminer, la Moscatel de Alejandría, etc. Entre los compuestos que proporcionan aroma se encuentran los glucósidos. En los vinos basados en la uva moscatel se suele hacer que el mosto incremente su contacto con los hollejos (que son las zonas con mayor contenido de terpenoides). Los aromas vegetales (aromas herbáceos) en el vino provienen de las pirazinas (otros alimentos que contienen pirazinas son: el café, la cerveza, los espárragos, etc).

Algunas variedades procedentes de América como son: vitis labrusca y la vitis rotundifolia (así como sus híbridos) poseen un aroma característico que durante muchos años se ha denominado "foxy" (zorrito). Se ha detectado que ese olor corresponde al compuesto: metil antranilato (C8H9NO2).




POSOS Y DECANTACIÓN

La formación de sedimentos es un fenómeno natural en los vinos. Es el resultado de no haber intervenido de forma radical en el proceso de elaboración y crianza, mediante fuertes clarificaciones o intensas filtraciones. No sólo no son defectos del vino, sino que son síntomas de calidad y respeto a una forma de trabajo natural.
Con el paso de los años se forman esencialmente dos tipos de sedimentos: los tartratos y la materia colorante.
Los tartratos son cristalizaciones naturales procedentes de la uva. El más habitual es el Bitartrato Potásico, sales del ácido tartárico que precipitan por la acción del frío y del alcohol. Los vinos más viejos también tienen una precipitación de la materia colorante.




La forma de actuar ante los sedientos es tan sencilla como proceder a su decantación. Debemos tratar con cuidado la botella, sin moverla ni agitarla. Una vez descorchada, recordando que lo que debe moverse es el sacacorchos y no la botella, la decantamos lentamente en una jarra de cristal transparente. Cuando veamos que el líquido sale turbio acabaremos el proceso, dejando los posos en la botella.



COMPOSICIÓN DEL VINO Y DEL MOSTO

Para comprender lo que es el vino desde el punto de vista de sus componentes hay que distinguir la composición de los compuestos cuando es una uva, al ser mosto y posteriormente vino. El mosto antes de la fermentación se compone principalmente de agua y azúcares, así como ácidos (málico y tartárico), además otros componentes químicos en menor cantidad son responsables de la composición final del vino. La fermentación alcohólica transformará gran parte de los azúcares del mosto en alcohol etílico, pero dejará otros compuestos interesantes: glicerina. Algunos de estos compuestos, que están presentes en menos medida, dan un cierto carácter a la cata de vino, tal y como es la presencia de taninos, los taninos se encuentran en las pieles de las uvas y se pueden considerar como un conservante natural que permite a los vinos envejecer por más de cinco años. No obstante y sobretodo, en el Aljarafe sevillano, también se le llama mosto al caldo de uva fermentado y encubado durante unos cuarenta días, con un grado alcohólico aproximado de 12%.

Otros elementos se añaden al vino de forma artificial y componen lo que se denomina aditivos del vino, estos aditivos tienen por objeto estabilizar algunos compuestos (proteínas, cristales de tartarato, etc), reducir el nivel de ácidos, agentes antioxidantes (ácido ascórbico), agentes antimicrobianos (dióxido de azufre, ácido sórbico, sorbatos, ácido benzoico, ácido fumárico).

Carbohidratos === Los principales carbohidratos presentes en el mosto son la glucosa y la fructosa, otros carbohidratos se encuentran en la uva pero en proporciones insignificantes.
La concentración de azúcar en la uva o en el mosto se suele medir en EEUU en oBrix, mientras que en Europa se hace en grados Baumé. La concentración de azúcares es crítica para el desarrollo de las levaduras durante la fermentación, la principal levadura del vino (Saccharomyces cerevisiae) se alimenta principalmente de glucosa y fructosa. Los azúcares no consumidos tras la fermentación se suelen denominar azúcares residuales (suelen ser pentosas como la arabinosa, la ramnosa y la xilosa). La concentración de estos azúcares residuales puede aumentar durante la maduración en madera debido a la escissión de moléculas de glucósidos presentes en la madera.

El azúcar residual es importante en la tonalidad dulce de un vino, mientras que la presencia de azúcares no residuales afecta sólo a la fermentación. La presencia de azúcares residuales en los vinos da lugar a una clasificación entre vinos secos y vinos dulces. Por regla general la presencia de una concentración de azúcares de menos de 1.5 g/litro hace que el paladar no detecte el sabor dulce, por encima de un 0.2% del volumen los sentidos empiezan a detectar el sabor dulce del vino. La mayoría de la gente detecta un dulzor si alcanza una concentración de un 1%. La presencia de taninos, ácidos así como el etanol. Durante el madurado algunos azúcares sufren un cambio estructural y acaban dando pigmentos oscuros al vino, este es el caso de la melanoidina detectada en vinos generosos como el jerez, madeiras, etc. Se trata de una variante de la reacción de Maillard.

Alcoholes

La fermentación alcohólica es un proceso metabólico anaeróbico (en ausencia de oxígeno) que permite a las levaduras (Saccharomyces cerevissiae) consumir los azúcares del mosto para liberar dióxido de carbono y alcohol etílico (etanol de fórmula CH3-CH2-OH) que permanece en disolución el vino final.
La concentración de alcohol se suele medir en porcentaje de volumen total. El contenido de alcohol etílico varía dependiendo del tipo de uva y de las condiciones, por ejemplo en los vinos de mesa está entre los 7%-14%, en los espumosos: 11%-13%, en el jerez y otros vinos encabezados 16%-18% y en el oporto así como en vinos de postre suele estar por debajo de 17%. La forma más común para averiguar el contenido de alcohol en un vino es medir el punto de ebullición.
Los vinos poseen además pequeñas cantidades de otros alcoholes como puede ser alcohol metílico (CH3OH), no son resultado directo de la fermentación, sino de la hidrolización de las pectinas (existente en la piel de la uva) mediante acción enzimática.

Debido a que la pectina se encuentra más en la piel que en el mosto, los vinos blancos contienen mucho menos alcohol metílico que los vinos tintos. En algunas ocasiones se pre-calienta el mosto para que elimine este contenido metílico y quede en concentraciones por debajo de las 30 ppm. Informes del contenido de metanol en vinos de todo el mundo indican concentraciones de 60 mg/litro (en un rango que va desde 40-120 mg/litro) para los vinos blancos y 150 mg/litro (en un rango de 120-250 mg/litro) para los vinos tintos. A pesar de ser el maetanol tóxico, las cantidades que poseen el vino no son del todo malignas ya que las dosis letales de 340 ml/kg de peso, hace que una persona media de 70 kg tenga que tomar aproximadamente dos centenas de litros.

Existen además otros alcoholes en muy pequeña concentración, como pueden ser los polialcoholes, uno de los más importantes tri-alcoholes es el glicerol (glicerina) y su concentración está relacionado directamente con la temperatura de fermentación, con el contenido global de alcoholes (mayor alcohol, mayor cantidad de glicerol) y con el color del vino (mayor en vinos tintos que blancos). La concentración de este alcohol es mayor en los vinos de mesa. El contenido medio de glicerina en los vinos suele estar entre los 15-25 g/litro.

La glicerina se sintetiza en gran parte gracias al hongo Botrytis cinerea, aunque hay cierta presencia de en las uvas sanas. Suele haber un mayor contenido de glicerol en las fermentaciones a alta temperatura (esta es la razón por la que los vinos tintos suelen tener un mayor contenido de glicerol). El glicerol es un líquido denso y con un sabor dulce (aprox. 70% de la glucosa) y su presencia aporta dulzura y una sensación de llenado en boca. Se detecta fácilmente por dejar una especie de lágrimas en las paredes interiores de las copas.


Otro poli-alcohol presente en el vino es el eritritol y su concentración depende de la cepa de la levadura que fermenta el vino, por ejemplo la Saccharomyces cerevissiae tiene menos efecto en la concentración de eritritol que por ejemplo la levadura salvaje denominada kloeckera apiculata (se trata de una levadura que no tolera concentraciones de alcohol y muere en los primeros pasos de la fermentación). El arabitol, el manitol, el sorbitol (hexa-alcohol isómero del manitol), el inositol (hexa-alcohol frecuente en frutas). Casi todos estos polialcoholes aportan dulzura al vino y poseen la característica de ser resaltadas sus concentraciones cuando la podredumbre noble de la uva está presente.

Ácidos

Los ácidos tienen una capacidad de conservante del vino, resulta necesario en aquellos vinos que se diseñan para añejar. La presencia de una cierta cantidad de ácidos hace que se refuerzen de forma natural otros sabores del vino en la cata. Casi la mitad del aporte de acidez lo tiene la presencia del ácido málico, su misión es la de detener la maduración de la fruta en especial durante el periodo caluroso. Su concentración en la uva es uno de los indicadores de la época de vendimia. El ácido tartárico es otro de los ácidos presentes en la uva, por regla general reacciona con el potasio de la uva dando lugar a tartaratos potásicos. El a. tartárico se encuentra presente en muchas frutas pero su concentración es mayor en la vitis vinifera (y en el fruto del tamarindo).

Durante la fermentación las levaduras generan pequeñas cantidades de ácido acético (un vino suele tener menos de 300 mg/litro) y su concentración refuerza los olores y sabores, proporcionando "complejidad". La presencia de acético hace que se sinteticen ésteres de acetato que proporcionan aromas afrutados. Los ácidos en el vino tienen un efecto antimicrobiano ya que muchas variedades no crecen en ambientes de pH bajo. El ácido succínico está presente en el vino debido a la fermentación, posee un sabor mezcla entre salado/agrio. El ácido láctico está presente en pequeñas cantidades a no ser que se haya forzado la fermentación malo-láctica a costa de consumir ácido málico (lo que hace que el pH global aumente).

Ésteres

Los alcoholes juegan un papel muy importante en la operación de maduración, tras la fermentación, ya que reacionan con los ácidos naturales de la uva para formar ésteres (esterificación). De todos los grupos funcionales existentes en el vino, los ésteres son los más abundantes: identificados cerca de 160 diferentes.
Los esteres se suelen categorizar en enología en dos categorías: los que provienen de reacciones enzimáticas (butanoato, exanoato) y aquellos que se forman químicamente por esterificación. Los esteres son los principales componentes responsables de aportar al vino un bouquet.


Muchos ésteres tienen un aroma característico a frutas, lo que hace que hace que remenmoren a fragancias de frutas durante la cata. Existe no obstante otras clasificaciones de ésteres orientadas a la cata de vinos, y se dividen en ésteres volátiles y no-volátiles. Uno de los ésteres volátiles más importantes y que se encuentra presente en el vino es el acetato de etilo. Por regla general los vinos jóvenes suelen tener una mayor concentración de ésteres volátiles. Cada ester posee un umbral por debajo del cual no es perceptible por la mayoría de los humanos.

Compuestos nitrogenados

Los compuestos nitrogenados son fundamentales en el mosto para que sea posible la correcta fermentación. Entre los aminoácidos predominantes en las uvas está la prolina y la arginina. La razón de prolina/arginina varía significativamente en las diversas variedades de la vitis vinífera. La prolina forma parte importante del metabolismo del nitrógeno en las levaduras. Como segundo grupo de aminoácidos dominante se tiene la glutamina y la alanina. Tal y como es de suponer el contenido de aminoácidos es menor tras la fermentación: debido en parte a que la mayoría de ellos de una forma u otran entran en el metabolismo de las levaduras.
Entre los compuestos nitrogenados que posee el vino se encuentra las proteínas, en concentraciones de mosto que van desde los 100 mg/l a los 840 mg/l. Durante la fermentación el contenido de proteína puede descender casi un 40%. Las proteínas actúan como zwitteriones, bajo ciertas circunstancias pueden coagular dando lugar a inestabilidad en el vino. Quitar estas proteínas inestables del vino es uno de los objetivos de la clarificación, uno de los agentes más empleados es la bentonita y el otro es el gel de sílice.

Compuestos fenólicos

Los compuestos químicos en forma de polifenoles son abundantes en el vino y es quizás uno de los compuestos que proporciona más atributos al vino. Es importante remarcar que tras los carbohidratos y los ácidos son el tercer compuesto más importante. Se tratan en muchos casos de un metabolito secundario de la uva que se concentran en la piel y en las semillas (pepitas). Los polifenoles afectan directamente a los sabores, a los olores y otras capacidades sensitivas del vino, es por esta razón por la que los viticultores cuidan en detalle de su evolución durante las fases de vinificación. La concentración de polifenoles en el mosto depende en gran medida de la variedad de vitis vinífera y del clima en el que se haya cultivado. La concentración y ratio de los diferentes polifenoles depende igualmente en gran medida de la forma en que se haya procesado la uva. por ejemplo, en los vinos blancos que han tenido poco contacto con los hollejos de la uva hay unas concentraciones diferentes de las observadas en los vinos tintos.

Fenol, básicamente es un anillo bencénico con un grupo alcohol.
Uno de los compuestos son los taninos, son compuestos fenólicos muy reactivos. en solución pueden reaccionar con las proteínas y precipitar. Otro compuesto fenólico son las antocianinas que aportan color a los vinos, estos colorantes naturales pueden blanquearse (perder su color) por la acción de diversos agentes u operaciones químicas tales como la oxidación o la reducción, en muchos casos la acidez mantiene el color (viraje). Los fenoles ocupan un papel muy importante en los procesos de oxidación del vino (oxidación fenólica) y es una de las reacciones más habituales en la maduración de los vinos tintos.

Constituyentes inorgánicos

En la analítica vinícola se analiza a veces el contenido de cenizas, que resulta ser los restos inorgánicos existentes en el vino. La mayoría de los compuestos son carbonatos y óxidos. El metal más abundante en las frutas de la vitis vinífera es el potasio. En muchos casos el contenido de potasio se ve afectado por las condiciones climáticas, por ejemplo los climas cálidos poseen mayor contenido en potasio que los fríos.




Durante la fermentación se acumula en forma de gas el dióxido de azufre (SO2) en una proporción que va desde 12 hasta 64 mg/litro y es empleado como fumigante de las cubas. Ocasionalmente se han detectado trazas de plomo debido a las cápsulas de las botellas, que han migrado su contenido a través del tapón de corcho.

THE AGING OF WINE

The aging of wine, and its ability to potentially improve in quality, distinguishes wine from most other consumable goods. While wine is perishable and capable of deteriorating, complex chemical reactions involving a wine's sugars, acids and phenolic compounds (such as tannins) can alter the aroma, color, mouthfeel and taste of the wine in a way that may be more pleasing to the taster. The ability of a wine to age is influenced by many factors including grape variety, vintage, viticultural practices, wine region and winemaking style. The condition that the wine is kept in after bottling can also influence how well a wine ages and may require significant time and financial investment.



The Italian wine Tignanello is a blend of Sangiovese, Cabernet Sauvignon and Cabernet franc—varieties which usually have aging potential.


What wine can age?

Only a few wines have the ability to significantly improve with age. Master of Wine Jancis Robinson notes that only around the top 10% of all red wine and top 5% of all white wines can improve significantly enough with age to make drinking more enjoyable at 5 years of age than at 1 year of age. Additionally, Robinson estimates, only the top 1% of all wine has the ability to improve significantly after more than a decade. It is her belief that more wine is consumed too old, rather than too young, and that the great majority of wines start to lose appeal and fruitiness after 6 months in the bottle.

In general, wines with a low pH (such as Pinot noir and Sangiovese) have a greater capability of aging. With red wines, a high level of flavor compounds, such as phenolics (most notably tannins), will increase the likelihood that a wine will be able to age. Wines with high levels of phenols include Cabernet Sauvignon, Nebbiolo and Syrah. The white wines with the longest aging potential tend to be those with a high amount of extract and acidity. The acidity in white wines plays a similar role that tannins have with red wines in acting as a preservative. The process of making white wines, which includes little to no skin contact, means that white wines have a significantly lower amount of phenolic compounds, though barrel fermentation and oak aging can impart some phenols. Similarly, the minimal skin contact with rosé wine limits their aging potential.

After aging at the winery most wood-aged Ports, Sherries, Vins doux naturels, Vins de liqueur, basic level Ice wines and sparkling wines are bottled when the producer feels that they are ready to be consumed. These wines are ready to drink upon release and will not benefit much from aging. Vintage Ports and other bottled-aged Ports & Sherries will benefit from some additional aging, as can vintage Champagne.In 2009, a 184-year-old bottle of Perrier-Jouët was opened and tasted, still drinkable, with notes of "truffles and caramel", according to the experts.


Wines with little to no aging potential

A guideline provided by Master of Wine Jancis Robinson
  • German QBAs
  • Asti and Moscato Spumante
  • Rosé and blush wines like White Zinfandel
  • Branded wines like Yellow Tail, Mouton Cadet, etc.
  • European table wine
  • American jug & box wine
  • Inexpensive varietals (with the possible exception of Cabernet Sauvignon)
  • The majority of Vin de pays
  • All Nouveau wines
  • Vermouth
  • Basic Sherry, Ports

Wines with some aging potential

A guideline provided by Master of Wine Jancis Robinson. Note that vintage, wine region and winemaking style can influence a wine's aging potential so Robinson's suggestion of years are very rough estimates of the most common examples of these wines.
  • Botrytized wines (5–25 yrs)
  • Chardonnay (2–6 yrs)
  • Riesling (2–30 yrs)
  • Hungarian Furmint (3–25 yrs)
  • Loire Valley Chenin blanc (4–30 yrs)
  • Hunter Valley Semillon (6–15 yrs)
  • Cabernet Sauvignon (4–20 yrs)
  • Merlot (2–10 yrs)
  • Nebbiolo (4–20 yrs)
  • Pinot noir (2–8 yrs)
  • Sangiovese (2–8 yrs)
  • Syrah (4–16 yrs)
  • Zinfandel (2–6 yrs)
  • Classified Bordeaux (8–25 yrs)
  • Grand Cru Burgundy (8–25 yrs)
  • Aglianico from Taurasi (4–15 yrs)
  • Baga from Bairrada (4–8 yrs)
  • Hungarian Kadarka (3–7 yrs)
  • Bulgarian Melnik (3–7 yrs)
  • Croatian Plavac Mali (4–8 yrs)
  • Georgian Saperavi (3–10 yrs)
  • Madiran Tannat (4–12 yrs)
  • Spanish Tempranillo (2–8 yrs)
  • Greek Xynomavro (4–10 yrs)


Classified Bordeaux like this 1982 Château Ducru-Beaucaillou have aging potential.


Factors and influences

The ratio of sugars, acids and phenolics to water is a key determination of how well a wine can age. The less water in the grapes prior to harvest, the more likely the resulting wine will have some aging potential. Grape variety, climate, vintage and viticultural practice come into play here. Grape varieties with thicker skins, from a dry growing season where little irrigation was used and yields were kept low will have less water and a higher ratio of sugar, acids and phenolics. The process of making Eisweins, where water is removed from the grape during pressing as frozen ice crystals, has a similar effect of decreasing the amount of water and increasing aging potential.

In winemaking, the duration of maceration or skin contact will influence how much phenolic compounds are leached from skins into the wine. Pigmented tannins, anthocyanins, colloids, tannin-polysaccharides and tannin-proteins not only influence a wine's resulting color but also act as preservatives. During fermentation adjustment to a wine's acid levels can be made with wines with lower pH having more aging potential. Exposure to oak either during fermentation or after during barrel aging will introduce more phenolic compounds to the wines. Prior to bottling, excessive fining or filtering of the wine could strip the wine of some phenolic solids and may lessen a wine's ability to age.



Storage conditions can influence a wine's aging ability.
The storage condition of the bottled wine will influence a wine's aging. Vibrations and heat fluctuations can hasten a wine's deterioration and cause adverse effect on the wines. In general, a wine has a greater potential to develop complexity and more aromatic bouquet if it is allowed to age slowly in a relatively cool environment. The lower the temperature, the more slowly a wine develops.On average, the rate of chemical reactions in wine double with each 18 °F (8 °C) increase in temperature. Wine expert Karen MacNeil, recommends keeping wine intended for aging in a cool area with a constant temperature around 55°F (13°C). Wine can be stored at temperatures as high as 69°F (20°C) without long term negative effect. Professor Cornelius Ough of the University of California, Davis believes that wine could be exposed to temperatures as high as 120 °F (49 °C) for a few hours and not be damaged. However, most experts believe that extreme temperature fluctuations (such as repeated transferring a wine from a warm room to a cool refrigerator) would be detrimental to the wine. The ultra-violet rays of direct sunlight should also be avoided because of the free radicals that can develop in the wine and result in oxidation.

Wines packaged in large format bottles, such as magnums and 3 liter Jeroboams, seem to age more slowly than wines packaged in regular 750 ml bottles or half bottles. This may be because of the greater proportion of oxygen exposed to the wine during the bottle process. The advent of alternative wine closures to cork, such as screw caps and synthetic corks have opened up recent discussions on the aging potential of wines sealed with these alternative closures. Currently there are no conclusive results and the topic is the subject of ongoing research. 



Bottle sickness


One of the short-term aging needs of wine is a period where the wine is considered "sick" due to the trauma and volatility of the bottling experience. During bottling some oxygen is exposed to the wine, causing a domino effect of chemical reaction with various components of the wine. The time it takes for the wine to settle down and have the oxygen fully dissolve and integrate with the wine is considered its period of "bottle shock". During this time the wine could taste drastically different than it did prior to bottling or how it will taste after the wine has settled. While many modern bottling lines try to treat the wine as gently as possible and utilize inert gases to minimize the amount of oxygen exposure, all wine goes through some period of bottle shock. The length of this period will vary with each individual wine.


Dumb phase


During the course of aging a wine may slip into a "dumb phase" where its aromas and flavors are very muted. In Bordeaux this phase is called the age ingrat or "difficult age" and is likened to a teenager going through adolescence. The cause or length of time that this "dumb phase" will last is not yet fully understood and seems to vary from bottle to bottle.



Effects on wine

As red wine ages, the harsh tannins of its youth gradually give way to a softer mouthfeel. An inky dark color will eventually fade to a light brick red. These changes occur due to the complex chemical reactions of the phenolic compounds of the wine. In processes that begin during fermentation and continue after bottling, these compounds bind together and aggregate. Eventually these particles reach a certain size where they are too large to stay suspended in the solution and precipitate out. The presence of visible sediment in a bottle will usually indicate a mature wine. The resulting wine, with this loss of tannins and pigment, will have a paler color and taste softer, less astringent. The sediment, while harmless, can have an unpleasant taste and is often separated from the wine by decanting.



As vintage Port matures, sediments develop in the wine that are often left in the bottle when the wine is decanted.

During the aging process, the perception of a wine's acidity may change even though the total measurable amount of acidity is more or less constant throughout a wine's life. This is due to the esterification of the acids, combining with alcohols in complex array to form esters. In addition to making a wine taste less acidic, these esters introduce a range of possible aromas. Eventually the wine may age to a point where other components of the wine (such as a tannins and fruit) are less noticeable themselves, which will then bring back a heightened perception of wine acidity. Other chemical processes that occur during aging include the hydrolysis of flavor precursors which detach themselves from glucose molecules and introduce new flavor notes in the older wine and aldehydes become oxidized. The interaction of certain phenolics develop what is known as tertiary aromas which are different from the primary aromas that are derived from the grape and during fermentation.



An aged Malmsey Madeira shows the color change that white wines goes through as they age.


As a wine starts to mature, its bouquet will become more developed and multi-layered. While a taster may be able to pick out a few fruit notes in a young wine, a more complex wine will have several distinct fruit, floral, earthy, mineral and oak derived notes. The lingering finish of a wine will lengthen. Eventually the wine will reach a point of maturity, when it is said to be at its "peak". This is the point when the wine has the maximum amount of complexity, most pleasing mouthfeel and softening of tannins and has not yet started to decay. When this point will occur is not yet predictable and can vary from bottle to bottle. If a wine is aged for too long, it will start to descend into decrepitude where the fruit tastes hollow and weak while the wine's acidity becomes dominant.

The natural esterification that takes place in wines and other alcoholic beverages during the aging process is an example of acid-catalysed esterification. Over time, the acidity of the acetic acid and tannins in an aging wine will catalytically protonate other organic acids (including acetic acid itself), encouraging ethanol to react as a nucleophile. As a result, ethyl acetate – the ester of ethanol and acetic acid—is the most abundant ester in wines. Other combinations of organic alcohols (such as phenol-containing compounds) and organic acids lead to a variety of different esters in wines, contributing to their different flavours, smells and tastes. Of course, when compared to sulfuric acid conditions, the acid conditions in a wine are mild, so yield is low (often in tenths or hundredths of a percentage point by volume) and take years for ester to accumulate.